Después de algo más de un mes de trabajo de “conserje” en un centro comercial he aprendido una serie de valiosas lecciones, como son:
- A los irlandeses les gustan las palomitas.
- No saben comer palomitas, sin derramar la mitad del paquete.
- A los irlandeses les gustan los helados y los comen durante todo el año.
- No saben comer helado sin derramar pegajosas gotas por el suelo.
- Los irlandeses comen pringosos bocadillos a la hora de comer, y lo hacen mientras pasan el rato en un seco y calentito centro comercial.
- Comer donde has comprado la comida está mal visto, es mejor hacerlo paseando sobre mi suelo y derramando virutas de queso rayado por todas partes.
- Cualquier hora es buena para un grasiento bocadillo rebosante de mayonesa.
- Cualquier parte del suelo es buena para depositar la mayonesa sobrante.
- Después de comer, no importa cuantas papeleras haya, el mejor lugar para los envoltorios y restos de comida es el suelo sobre el que has comido.
- Los carteles de “prohibido consumir comida en las áreas públicas del centro comercial”, son trozos de papel sin sentido que pretenden cubrir algún defecto de la pared.
- Las compras son la segunda religión con más adeptos tras la cerveza, aunque la una no excluye a la otra, son bastante compatibles entre si.
- En cuanto a la Navidad, el título lo dice todo.
Además de éstas, también he aprendido otras con moraleja y/o más profundas que hoy no trataré porque no me siento inspirado, pero no por ello me tachéis de superficial. Hasta pronto.